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Scan & Go: luces y sombras

Conocí el concepto Scan&Go en el centro comercial BAB2 cerca de Biarritz hace unos dos años. Se trata de un paso más en el modelo colaborativo de cadena de suministro que tantas ventajas ha supuesto para empresas y clientes en las últimas décadas.

El sistema está basado en unos terminales móviles con lector de código de barras y display de varias líneas. Su funcionamiento es simple: los productos se van escaneando antes de echarlos al carro de la compra de manera que en todo momento se conoce el importe acumulado de la misma.
Al finalizar la visita, no es necesario vaciar el carro para verificar lo comprado, sino simplemente pagar el importe total calculado por el terminal.

La semana pasada hice uso del sistema en un establecimiento Carrefour de Madrid y debo decir que -aunque en la primera ocasión todo funciono dentro de un orden (había algún problema, como que el terminal no reconocía las promociones al hacer los cálculos) esta vez me sentí defraudado. ¿Por qué?

Pues porque la supuesta comodidad que supone pasar por la caja prácticamente sin esperar y sin la molestia (y la altísima ineficiencia asociada) de sacar uno a uno los artículos del carro de la compra para volver a colocarlos inmediatamente después en él (y sacarlos de nuevo poco después al salir del establecimiento!) se transformó en un pequeño infierno de consumidores cabreados.

Por razones que desconozco, el contenido de prácticamente todos los carros era verificado al 100% por personal de cajas, lo que hizo que la espera en cola pasara de unos pocos segundos a más de 40 minutos. Además del absurdo tiempo perdido, toda la colaboración del usuario queda en entredicho. Yo, como cliente, me sentí un tanto defraudado.