
La situación en Perú sigue sin reestablecerse totalmente como era de esperar después del terremoto de magnitud Richter 8 del pasado 15 de agosto. Una catástrofe de esta envergadura pone a prueba de manera cruda, casi brutal a los gobiernos, las infraestructuras de la zona y la capacidad de la logística humanitaria. La foto de EFE recoge palets con ayuda española para Perú.
Hablando días atrás con el amigo José Mari Vergara -residente desde hace años en Perú- sobre el fatal incidente, me llamaron la atención especialmente dos de sus comentarios: la lentitud de la ayuda a una zona que dista apenas 200 Km de Lima y la dificultad de hacer "sentir" a quien ve la TV o lee la prensa el estado de desolación que se vive en una zona afectada por una catástrofe de este tipo (más de 500 personas muertas y 100 heridas)
A nadie se le escapa que una de las actividades de mayor ayuda (junto con la atención higiénico-sanitaria) es precisamente el servicio logístico, que va desde el restablecimiento de los transportes hasta la puesta a disposición de agua, a la que alude un documento publicado por la O.M.S. sobre el agua en las situaciones de emergencia. En Pisco, una de las localidades más afectadas, comida, medicamentos y agua se distribuyen a través de 9 centros de distribución a los cuales se accede a través de un sistema de padrones, que no resulta del todo eficaz, puesto que muchas personas no están censadas. Un problema más a abordar en estos casos el de la inseguridad.
La ONU elabora informes sobre la situación que pueden consultarse en tiempo real en su página web.
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