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China: impresiones de un viaje


En enero pasado hice una tournée asiática con paradas en Shanghai y tres ciudades más. El viaje no ha hecho sino reafirmarme en mi impresión de que, pese a ser un estado de corte comunista, tiene en sus ciudades el capitalismo más salvaje que he conocido. Todo el mundo -a excepción de los ancianos- recorre las calles con un teléfono móvil de última generación o un reproductor de mp4 colgado al cuello (en Europa aún estamos en la era del mp3...) La gente pasea, compra billetes de avión de Air China, productos europeos y americanos (los originales o sus correspondientes copias)

Es posible que Shanghai impresione por su tamaño, pero a mi lo que de verdad me sorprendió fue su velocidad: de crecimiento, de adaptación y de captación de oportunidades. Velocidad mezclada con la lentitud del tai-chi o de la administración. De camino al hotel desde el aeropuerto la autopista transcurre paralela a las vías del tren de levitación magnética (creo que el único que hay en explotación comercial en el mundo)
Por la mañana me recoge el Sr Hung. Nacido en Taipei, dirige una joint venture formada por el gobierno chino y un empresa americana. Llega en coche de empresa, bien vestido y con modales occidentales. Habla un inglés correcto y, por lo que me comenta mientras comemos con otros miembros de su equipo, tiene varios hijos, alguno de ellos, viviendo en los EEUU. Su edad y su pelo canoso completan una impresión correcta en el primer contacto. Visito sus instalaciones, donde me sorprenden el orden y los medios técnicos
En mi tiempo libre, recorro parte del viejo Shanghai, cargado de histotia colonial y voy, usando la moderna red de metro hasta la que supongo que es la única iglesia católica en la ciudad. Curioso contraste de dos culturas compartiendo el escaso espacio de la ciudad. Paso basatntes horas en el hotel preparando las reuniones. Por la mañana tomo una foto del sol (naciente) desde la ventana de mi habitación.